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La matemática de renovar versus mantener en 2026
Cuando hablamos de inversiones en tecnología, muchas organizaciones siguen enfrentándose a la misma pregunta: ¿conviene renovar mi flota de notebooks o seguir estirándose un año más? En entornos donde el ritmo de transformación digital no se detiene, esa decisión ya no es un tema de rendimiento técnico, sino de impacto financiero. Este artículo está pensado para vos, CFO, que tenés la responsabilidad de optimizar cada peso de la empresa sin perder de vista la productividad, la competitividad y el cumplimiento tributario.
Lo que a simple vista parece una decisión operativa —¿compramos nuevas laptops o seguimos usando las actuales?— tiene efectos profundos en el flujo de caja, el gasto fiscal deducible, los costos ocultos de mantenimiento y, sobre todo, en la capacidad de tu organización para sostener sus operaciones en 2026 y más allá.
Mirar más allá del precio de compra: el verdadero costo total de propiedad
El error más común cuando se evalúa si se renueva o no una flota de notebooks es comparar sólo el costo de comprar equipos nuevos con el aparente “costo cero” de seguir usando los existentes. Ese “costo cero” no existe, y en muchos casos termina siendo el más caro de todos.
Como analizamos en detalle en nuestro artículo sobre los beneficios de actualizar el parque informático, un equipo que ya superó su vida útil productiva acumula costos ocultos que rara vez aparecen en los reportes financieros, pero que afectan directamente la competitividad de la empresa. Entre estos costos se cuentan:
- Productividad que se pierde por arranques lentos, incompatibilidades con software moderno y fallas intermitentes que consumen horas de trabajo valiosas.
- Aumentos en tickets de soporte, tiempo de IT dedicado y repuestos necesarios para mantener equipos antiguos en funcionamiento.
- Reducción de la seguridad de datos, fallas en la incorporación de parches o incompatibilidades con políticas modernas, lo que representa un riesgo operativo y reputacional.
Cuando sumás estos costos, el cuadro cambia radicalmente: esa notebook vieja que “todavía funciona” puede estar costando más de lo que imaginas.
El impacto fiscal: por qué el leasing se vuelve estratégico
Desde Finanzas, no solo importa cuánto se gasta, sino cómo y cuándo ese gasto impacta en tus resultados impositivos. Aquí es donde el modelo de leasing se vuelve especialmente interesante para un CFO.
El leasing transforma una inversión de capital (CAPEX) en un gasto operativo (OPEX) previsible. En lugar de absorber un gasto grande al inicio y amortizarlo durante años, el leasing te permite:
- Deducir la cuota completa como gasto en el período en que se paga, optimizando el impacto en Ganancias.
- Evitar depreciaciones lentas que terminan por dejar al activo sin beneficio fiscal mientras sigue generando costos operativos.
- Abrir espacio en el flujo de caja para otras inversiones estratégicas sin sacrificar capacidad operativa.
Este enfoque está en el corazón de los argumentos que desarrollamos en nuestro análisis de leasing vs compra de equipamiento IT.
¿Por qué estirar una flota termina saliendo más caro?
Más allá de la lógica contable y fiscal, seguir usando equipos que ya superaron su ciclo productivo genera costos intangibles que muchas organizaciones no están midiendo correctamente. Algunos ejemplos:
- Eficiencia operativa reducida: cada minuto que un usuario espera por un equipo lento o con fallas se traduce en horas productivas perdidas que no se recuperan.
- Innovación frenada: una flota antigua limita la adopción de nuevas herramientas, plataformas de colaboración y aplicaciones basadas en inteligencia artificial que demandan hardware actual.
- Riesgo de compatibilidad: a medida que los sistemas operativos y las suites empresariales evolucionan, los equipos viejos quedan fuera de compatibilidad, generando parches y soluciones alternativas que consumen tiempo.
Estas realidades impactan directamente en dos líneas del estado de resultados que a menudo pasan desapercibidas: productividad operacional y costos indirectos.
El valor de la previsibilidad financiera
Para un CFO, la previsibilidad no es un concepto gris: es una ventaja competitiva real. El leasing ofrece cuotas fijas que se integran al presupuesto anual de forma clara, sin sorpresas. Esto permite proyectar resultados con mayor precisión, planificar inversiones futuras y evitar “picos” de gasto por renovaciones masivas de hardware.
Además, convertir inversiones en gastos operativos ayuda a mantener ratios financieros saludables, algo especialmente valioso en empresas que reportan a holding o que mantienen relaciones activas con inversores.
La “paradoja del estiramiento”: Cuando ahorrar cuesta más
Cuando estiras notebooks por unos meses o incluso un año más, tal vez estás evitando un gasto en el corto plazo. Pero ese ahorro aparente se transforma en:
- Mayores costos de soporte y mantenimiento.
- Menor productividad de usuarios clave.
- Riesgo mayor de fallas en momentos críticos.
- Menor capacidad de escalar proyectos (IT como habilitador, no como cuello de botella).
Estos costos, aunque no siempre visibles en los informes financieros, impactan directamente en la competitividad de la empresa.
Renovar o mantener: Una mirada hacia 2026
Si proyectas tu estrategia tecnológica hacia 2026, el contexto es claro: más datos, más dispositivos, más conexiones, más aplicaciones críticas y menor tolerancia a fallas. En ese entorno, una flota envejecida no es solo un problema de mantenimiento: es un lastre estratégico.
Diseñar una estrategia financiera eficiente implica no solo comprar tecnología, sino entender cómo esa tecnología afecta tus resultados fiscales, operativos y competitivos.
Elegir renovar mediante un esquema de leasing bien estructurado no significa gastar más: significa optimizar gasto, reducir riesgos y liberar capacidad para invertir en crecimiento.
Conclusión: Dejar de “estirar” y empezar a invertir
Estirar una flota de notebooks puede parecer una decisión conservadora, pero en el contexto actual es, muchas veces, una decisión costosa. Los beneficios fiscales del leasing, combinados con los costos ocultos de seguir con hardware anticuado, hacen que renovar estratégicamente no solo sea una buena práctica, sino una decisión financiera sólida.
Un CFO debe mirar más allá del precio de compra. Debe evaluar el costo total de propiedad, el impacto en el flujo de caja, las ventajas fiscales y los efectos en productividad. Una flota moderna no es un gasto, es una inversión que se traduce en beneficios medibles para la empresa.