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Durante años, muchas empresas invirtieron en ciberseguridad de la misma forma en que se compra un seguro: esperando no tener que usarlo nunca. Antivirus, firewalls perimetrales, contraseñas más largas. Todo parece en orden… hasta que no lo está.
El problema es que, en 2026, la mayoría de los incidentes de seguridad ya no ocurren porque “faltaba un antivirus”, sino porque la infraestructura de red fue pensada como un todo sin divisiones internas. Cuando algo entra, circula libremente.
La seguridad real no empieza en el software. Empieza en la arquitectura. Y, más específicamente, en el cable de red.
Una analogía simple: Un edificio sin puertas internas
Imagina un edificio moderno, recién construido, con una puerta blindada en la entrada principal, cámaras, alarma y seguridad privada. Todo parece seguro. Pero por dentro, no hay puertas internas. Ninguna. Las oficinas, la cocina, el depósito, la sala de servidores: todo conectado, todo abierto.
Si se prende fuego la cocina, el fuego no se contiene. Se propaga. Si alguien entra a un área que no debería, puede moverse sin restricciones. El problema no es la puerta de entrada. El problema es la falta de compartimentación interna.
Eso mismo ocurre en muchas redes empresariales.
El problema real de las PyMEs: La red plana
En una enorme cantidad de PyMEs, la red funciona como un único espacio plano. Recepción, administración, gerencia, notebooks de vendedores, impresoras y servidores conviven en el mismo segmento de red.
Desde el punto de vista operativo, parece cómodo. Desde el punto de vista de seguridad, es un riesgo crítico.
En una red plana, un malware que ingresa por una notebook en recepción puede viajar sin obstáculos hasta un servidor crítico. Un ransomware no necesita sofisticación cuando la infraestructura le abre el camino.
Este escenario es más común de lo que se cree, y suele pasar desapercibido hasta que ocurre un incidente. En ese momento, la pregunta deja de ser “¿teníamos antivirus?” y pasa a ser “¿por qué todo estaba conectado con todo?”.
Por qué el antivirus ya no es suficiente
El antivirus sigue siendo necesario, pero ya no es suficiente. La mayoría de las amenazas modernas no dependen de exploits complejos, sino de movimientos laterales dentro de la red.
Una vez dentro, el malware busca moverse. Y si la red no tiene límites internos, ese movimiento es trivial.
Aquí es donde muchas estrategias de seguridad fallan: se concentran en la entrada, pero descuidan el interior. Se invierte en protección perimetral, pero no en segmentación.
La clave: segmentar para contener
La segmentación de red es el equivalente a poner puertas internas en el edificio. No evita que ocurra un incidente, pero limita drásticamente su impacto. Mediante VLANs (Virtual LANs), es posible separar lógicamente distintos tipos de tráfico y dispositivos:
– Usuarios administrativos
– Recepción y áreas públicas
– Servidores
– Equipos de gestión
– Dispositivos IoT o impresoras
Cada segmento tiene reglas claras sobre con quién puede comunicarse y con quién no. Si un equipo se infecta, el daño queda contenido.
Esto no es teoría. Es una de las prácticas más efectivas y subestimadas en ciberseguridad empresarial.
El rol del hardware: No alcanza con “configurar lo que hay”
La segmentación real no se logra solo con buenas intenciones ni con switches básicos. Requiere hardware de red preparado para manejar VLANs, reglas, priorización de tráfico y visibilidad.
Ahí es donde el hardware Cisco marca una diferencia concreta. No por la marca en sí, sino porque está diseñado para operar con segmentación, control y estabilidad como parte del diseño base.
En redes bien diseñadas, el switch deja de ser un simple “distribuidor de bocas” y pasa a ser un componente activo de la seguridad.
De la teoría a la práctica: Segmentación bien hecha vs segmentación improvisada
Muchas empresas saben que “habría que segmentar”, pero no lo hacen porque lo perciben como complejo, riesgoso o disruptivo. Una segmentación improvisada puede generar más problemas que soluciones: cortes de servicio, aplicaciones que dejan de funcionar, usuarios bloqueados sin saber por qué.
Por eso, la segmentación no es solo técnica. Es diseño, conocimiento del negocio y experiencia en implementación.
El valor Shandd: infraestructura que llega lista para proteger
En Shandd no entregamos cajas. Entregamos infraestructura pensada, diseñada y configurada.
Cuando implementamos switches Cisco, no los entregamos “de fábrica”. Los entregamos ya configurados, con VLANs definidas, segmentación aplicada y una arquitectura alineada al funcionamiento real de la empresa.
Esto reduce riesgos, acelera la puesta en marcha y evita que la seguridad quede a mitad de camino por falta de tiempo o recursos internos. No se trata solo de vender hardware. Se trata de entregar una red que, desde el primer día, tenga puertas internas.
Seguridad que acompaña el crecimiento
Una red bien segmentada no solo protege mejor. Escala mejor. A medida que la empresa crece, suma usuarios, incorpora nuevos sistemas o abre nuevas áreas, la arquitectura ya está preparada para absorber ese crecimiento sin volver a empezar de cero. Esto convierte a la red en una base sólida, no en un cuello de botella ni en una fuente constante de incidentes.
La pregunta correcta
La pregunta ya no es si tu empresa tiene antivirus, firewall o backup. La pregunta correcta es mucho más simple y más incómoda: ¿Tu red tiene puertas internas? Si la respuesta no es clara, probablemente haya un riesgo oculto.
Conclusión: La seguridad empieza antes del software
La ciberseguridad real no empieza cuando se instala un antivirus. Empieza cuando se diseña la red. Empieza en el cable, en el switch y en cómo se decide qué puede comunicarse con qué.
Invertir en segmentación es invertir en resiliencia. No elimina los incidentes, pero evita que un problema aislado se convierta en una crisis total. Y en 2026, esa diferencia puede ser crítica.